Odrizola

España consumó en 27 minutos una avalancha de fútbol propia de sus jugadores y del momento ilusionante que desprende. El conjunto de Julen Lopetegui mostró todos los rasgos que la definen incluso con tres novedades de calado: Saúl en el pivote, Rodrigo en el ‘9’ y Álvaro Odriozola en el lateral derecho. La incidencia de este último fue entendida y aprovechada por una posesión capitaneada por Thiago, Silva e Isco, inspiradísimos en cada toque, dominadores ante una Albania que replegó con todo pero que asistió al debut de un lateral que llega con tanta determinación y personalidad que acaba por intervenir tantas veces como un centrocampista.
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El impacto fue inmediato y natural. Si bien lo de Isco y Silva fue sublime, es sabido que podrían hacerlo tantas veces como quisieran, pero lo del debutante estuvo a la altura. Para entender brevemente el contexto, Lopetegui armó un clásico 4-3-3 español con una apuesta total, superior en número y calidad, por centrocampistas de control y giro, de los que sólo España tiene en cantidad. Partiendo desde banda, Isco y Silva, desde los interiores Koke y Thiago, y en las alas, dos balas, Alba y Odriozola. La posesión de España, si quiere decirse aposicional, con puntos de partida muy diferentes a los de llegada, fue precisa y preciosa, jerárquica en cada movimiento.

Ahí entró Odriozola con la bandera de la frecuencia. El lateral vasco se caracteriza por estar, aparecer y romper indistintamente. Empieza las jugadas siempre muy arriba y entiende con inteligencia la línea defensiva del rival para estirarla con rupturas si en este caso los de Panucci buscaban achicar, o esperaba fijando si la posesión se asentaba arriba para castigar la basculación albana, muy pendiente de la sobrecarga que los centrocampistas más Ramos hacían por el sector contrario. España protegía, tocaba y elaboraba hasta que llegaba a Odriozola para profundizar. Cuando el lado fuerte del ataque se acercaba a él, su lectura de los espacios y de la pelota fue igualmente sobresaliente, limpiando a Silva zonas interiores con arrancadas, desmarques y diagonales que reducían marcas sobre el canario. Ganada tanta altura ofensiva, los demás podían abandonar posiciones para ir apareciendo a espaldas de las líneas albanas y plantarse ante Berisha.
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El otro ‘debutante’ en la era Lopetegui, Rodrigo Moreno, fue todo lo ‘9’ que le requirió el partido. Muy consciente de no sobrecargar con apoyos una mediapunta que necesitaba aire, el valencianista se movió con precisión, bien a los palos, alejándose o acercándose en el área con respecto a cada jugada. España jugó un fútbol extraordinario en el que todos brillaron, especialmente Odriozola, un lateral en sintonía con la idea.

Saúl poco exigido pero muy concentrado en apoyar a los mediapuntas por detrás, más que en equilibrar las transiciones, por ahí bien, pienso. Y Thiago me gustó mucho. La verdad es que España jugó fenomenalmente bien y además nunca le faltó profundidad ni remate, todos los centrocampistas se relevaron para sumar llegada al área.
Isco, Silva y Thiago bordaron el fútbol típico de España.